TALLER VIVENCIAL: EMOCIONES
Qué son y cómo gestionarlas de forma saludable



collage de imagenes taller de emociones encuerpoyalma Vitoria

"Este taller es una propuesta de exploración
y expresión de tu propio mundo emocional
que te aportará claridad y disponibilidad
para vivir tu vida con más apertura, fuerza y libertad"






IMPARTE: ALBERT MOLINA. Psicólogo sanitario. Psicoterapeuta corporal. Director de Encuerpoyalma.

FECHAS Y HORARIO: 27-28 de enero de 2018. Sábado de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 h. Domingo de 10.00 a 14:00 h.

PRECIO: 120 €.

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES: Tel. 945 25 93 23. centro.encuerpoyalma@hotmail.es


alegría

Una pequeña introducción sobre las emociones...

El mundo emocional es complejo y a la vez simple, y para empezar a hablar de él podríamos decir que todas las emociones son útiles y, por lo tanto, es bueno sentirlas. Que sean agradables o desagradables es otra cosa...

Sirven para orientarse en el mundo (de ahí viene ese término, tan popular en la actualidad, de “inteligencia emocional”). Si algo me da miedo, me alejo; si algo me gusta, si algo me da alegría, o si quiero algo, me acerco; siento tristeza cuando pierdo algo, y siento rabia cuando me agreden. Esto suele ser así... o debería ser así. En el mundo animal está más claro todo esto... pero con los humanos suele complicarse: ¿cuántas veces nos alejamos de lo que nos gusta?, ¿cuántas veces nos aguantamos el enfado cuando nos hieren?, ¿cuántas veces huimos de la tristeza escondiéndonos en otras sensaciones? O ¿cuántas veces nos insensibilizamos para no sentir ninguna emoción desagradable?

Es posible que incluso tengamos emociones prohibidas. Por ejemplo, una mujer puede tener prohibido el enfado; un hombre puede tener prohibida la tristeza. O incluso emociones obligadas: “tienes que estar alegre”, etc.

Así, el flujo emocional se ve bloqueado por mandatos, prohibiciones, obligaciones... que hacen que perdamos la frescura, claridad y fuerza. Porque... ¿hemos encontrado alguna vez en la cabeza, en lo mental, la certeza de algo? Eso sólo se produce cuando estamos en disposición de escuchar lo emocional, lo que me gusta, lo que me alegra... También, ¿cuántos peligros o circunstancias perjudiciales para nosotros habríamos evitado si hubiésemos sentido algo de miedo?, o ¿cuántas cosas hubiésemos podido hacer si tuviésemos algo menos de miedo?

Bien conocido es el papel del enfado... muy útil cuando queremos defendernos, o cuando necesitamos energía para luchar por lo que queremos. La asertividad, esa posición firme y a la vez serena mediante la cual pedimos algo, decimos “no”, o ponemos límites al otro, tiene la energía del enfado. Y si, por lo que sea, no nos permitimos enfadarnos, perdemos nuestra fuerza y acabamos siendo manipulados o abusados por otros.

Y de la tristeza, fundamental para poder realizar el duelo y abrirse a la nueva realidad. Y también para poder descansar...

¿Y qué ocurre cuándo no nos permitimos alguna emoción? Que ese caudal energético que proporciona toda emoción se desvía hacia algún otro lugar que no le corresponde, creando depresión (¡que no es tristeza, sino rabia dirigida hacia uno mismo!), obsesiones, compulsiones, hiperactividad... o enfermedades psicosomáticas como el estrés, la ansiedad, o incluso el cáncer.

Alegría, rabia, tristeza, miedo... son emociones que llamamos “básicas”, pues están presentes en cualquier mamífero y en los niños pequeños. Y hay emociones más elaboradas, propias de lo humano, como, por ejemplo: amor, culpa, esperanza, impotencia, desesperación, ilusión, curiosidad, admiración, generosidad, gratitud, etc. Y también, emociones “parásitas”, no genuinas, que se alimentan de las anteriores y de su incapacidad de fluir: ansiedad, angustia, tristeza (cuando parasita la rabia), rabia (cuando parasita la tristeza)...

Son tan importantes las emociones, que el camino hacia la salud psicológica de cualquier individuo (y cualquier grupo) pasa por ser capaz de sentir cualquiera de las emociones auténticas, sentirlas cuando es adecuado sentirlas, y poder elegir cuánto y hasta dónde me dejo sentirlas... porque ¡yo controlo mis emociones, no las emociones me controlan a mí!